Posiblemente, uno de los temas más controvertidos que existen, es sobre si el consumo de leche es beneficioso o perjudicial para el ser humano. Y parte de ello, está relacionado con la lactosa, que básicamente, es el azúcar que posee la leche.

Pero…¿qué es la lactosa exactamente?

Desde el punto de vista técnico, la lactosa se trata de un disacárido que se crea por la unión de una molécula de glucosa y otra de galactosa. Más específicamente, para crear dicha unión, intervienen una β-D-galactopiranosa y una β-D-glucopiranosa unidas por los carbonos 1 y 4 (tal y como podemos ver en la siguiente imagen):

qué es la lactosa

Pero como os indiqué al inicio, es más simple quedarnos con que la lactosa es el azúcar de la leche, representando sobre el 5% de los nutrientes existentes.

Su metabolismo, ha sido ampliamente analizado (como los efectos reológicos o de descomposición en el organismo), dado a que tiene que ver directamente con la obtención de beneficio económico con todo producto lácteo, dado a que existe un gran número de personas en nuestra sociedad que es intolerante a la lactosa.

Pero…¿es buena la lactosa para nuestro cuerpo?

Para comprender bien este tema, es importante que entendamos qué es la lactasa, y qué ocurre con la misma cuando tomamos leche con lactosa. La lactasa, se trata un enzima que se crea en el interior de nuestro intestino delgado, y que es muy importante a la hora de que se pueda dividir la lactosa en sus dos formas básicas de azúcar (glucosa y galactosa). En caso, de que nuestros niveles de lactasa no sean elevados, no vamos a poder descomponer correctamente la lactosa, y sufriremos problemas digestivos.

Intolerancia a la lactosa

qué es la lactosa

Y cuando aparecen estos problemas digestivos, es cuando podremos decir que sufrimos intolerancia a la lactosa. A causa de los bajos porcentajes de lactasa en nuestro intestino, nuestro cuerpo es incapaz de digerir la la lactosa. Dicha lactosa que no es capaz de digerirse correctamente, irá directamente a nuestro intestino grueso y es en dicho lugar donde se descompondrá.

Pero en el proceso de descomposición, se crearán desechos en forma de:

Los efectos de la creación de este tipo de desechos, pueden ser varios, pero los más habituales son los siguientes:

Conclusiones

A pesar de que la leche es un gran nutriente, la misma no está exenta de crearnos diferentes problemas en caso de que nuestro cuerpo no esté correctamente diseñado para descomponer determinados nutrientes de la misma, como hemos visto hoy con el tema de la lactosa.

A consecuencia, de la controversia existente con el tema de la leche, he creado un apartado en nuestro foro para que podamos discutir sobre si es buena, o no, el la leche para nuestra salud.

La leche, ¿con o sin lactosa?

La leche es un alimento rico en nutrientes y minerales que muchos de nosotros tomamos a diario. Pero existen personas a las que la lactosa no les sienta del todo bien, ya que su organismo no la digiere adecuadamente. La industria láctea lo sabe, y por eso ha sacado al mercado leches sin lactosa. Es aquí cuando nos surge la duda de si es mejor tomar la leche normal o sin lactosa.

Como siempre que surge un nuevo producto, muchos son los que desconfían de sus beneficios y muchas son las dudas que surgen entorno a su efectividad. El caso de la leche sin lactosa no iba a ser menos. Este tipo de derivado láctico se obtiene a partir de la leche desnatada a la que se le elimina gran parte de la lactosa, o azúcar de la leche, y sus azúcares se dividen en dos mucho más digeribles, la glucosa y la galactosa. El resto de nutrientes de la leche permanecen totalmente intactos.

Para muchas personas la lactosa que se encuentra en la leche es un gran inconveniente a la hora de ingerir este alimento, ya que las digestiones suelen hacérseles demasiado pesadas e incluso en ocasiones pueden hasta generar el vómito en las personas que lo han consumido a causa de una mala digestión. En este tipo de personas la lactosa supone todo un problema, haciendo que se vean obligados a eliminar de su dieta la leche o sustituirla por otros preparados lácticos derivados de la soja, por ejemplo.

La lactosa no solo afecta a las personas que no la toleran, sino que al resto nos ralentiza el proceso digestivo haciendo que la digestión no se realice de forma correcta en muchas ocasiones. Esto da como resultado que nos sintamos más pesados, que el estómago genere infinidad de gases derivados de la fermentación… Por ello la leche sin lactosa puede ser una gran ayuda para mejorar las digestiones de la leche.

Para digerir correctamente la lactosa es necesario que nuestro cuerpo produzca una encima llamada lactasa, que es la encargada de procesar y asimilar los azúcares que forman la lactosa. Al ser complejos el cuerpo tarda más en asimilarlos, lo que hace que la digestión sea más lenta. La eliminación de la lactosa hace que la digestión sea más ligera y que el cuerpo asimile antes los nutrientes de la leche, lo que hace que aprovechemos al máximo las vitaminas y minerales que nos brinda un alimento tan rico.

La opción de tomar leche sin lactosa es buena para todos, tengamos o no intolerancia a este componente, ya que al acelerar la digestión conseguiremos un mejor funcionamiento metabólico que se traducirá en un mayor aprovechamiento del alimento., Además, la leche a la que se le ha eliminado la lactosa resulta igual de beneficiosa que el resto, ya que los nutrientes se mantienen intactos en su totalidad.

¿Es más sana la leche sin lactosa?

A raíz de los artículos publicados en este blog Leche: mitos y realidades, y ¿Es la le bebida de soja un buen sustitutivo de la leche? he estado recibiendo numerosos correos electrónicos y comentarios solicitando más información acerca de la leche sin lactosa, preguntándome si es más sana y si realmente facilita la digestión. Cada vez encontramos más marcas que publicitan nuevos productos sin lactosa bajo lemas como mañanas ligeras, fácil digestión, la que mejor sienta, única y digestiva…  pero ¿estas propiedades son ciertas?

El principal carbohidrato que contiene la leche es la lactosa (alrededor de un 5% de la leche es lactosa). La lactosa es un disacárido, un azúcar formado por dos monosacáridos unidos: glucosa y galactosa.

Nuestro organismo produce de forma natural una enzima llamada lactasa que es capaz de romper la lactosa en sus dos partes: glucosa y galactosa, haciendo que estos dos azúcares ya puedan ser absorbidos por el intestino.

Lo más curioso de la producción de leche sin lactosa es que se sirve de este mecanismo natural para hacer desaparecer la lactosa de la leche. Es decir, a la leche sin lactosa no se le extrae la lactosa, sino que se le añade enzima lactasa, con lo cual la lactosa aparece en esa leche ya hidrolizada en sus partes: glucosa y galactosa. La forma habitual de añadir lactasa a la leche es agregar ciertos microorganismos que producen lactasa, como levaduras u hongos. El resultado es una leche más dulce, ya que la capacidad edulcorante de la lactosa es menor que la de los monosacáridos que la componen.

La pregunta es que si nuestro organismo ya produce  naturalmente la enzima lactasa ¿por qué se ha optado por añadírsela a estos productos? La razón primigenia es que una pequeña parte de la población sufre un déficit de producción de lactasa en su organismo, lo que conocemos como intolerancia a la lactosa, así que estos productos estaban originalmente destinados a ellos.

La intolerancia a la lactosa se puede producir por causa genética. Cuando nacemos, ya tenemos programado cuándo caerá nuestro nivel de lactasa, que es indispensable para tolerar bien la lactosa. Todo se remonta a la época primitiva: cuando los humanos eran recolectores de alimentos y vivían de la caza, las mujeres solían darles el pecho a sus hijos hasta los tres años y, luego, el niño ya no bebía más leche en toda la vida. Pero cuando se produjo el actual período interglaciar, esto propició que la especie humana se multiplicara e incrementara la competencia por los alimentos, y muchos hombres que iban a cazar volvían a los reductos sin nada que comer. La mujer se dio cuenta que si muñía una bestia, la leche del animal quitaba el hambre y, además, alimentaba. Por eso, la mujer fue quien propició la revolución más grande de la humanidad, la neolítica -cuando pasamos de nómadas a sedentarios- y el hombre empezó a consumir leche también de adulto. Esto provocó que la aparición de una mutación en el gen que codifica la lactasa fuese más adaptativa, así que con el tiempo empezó a haber más gente que podía consumir leche toda su vida. En las sociedades que consumieron menos leche, como la semita, mutó también, pero menos. Actualmente, en la población mundial, se mezclan las sociedades que mutaron mucho con las que no lo hicieron tanto. Entre los semitas, marroquíes y judíos aumenta el porcentaje de gente que sufre intolerancia a la lactosa genética, que es mayor que en los ingleses o americanos, que han tomado leche de vaca durante mucho más tiempo. [2]

Existen casos de intolerancia a la lactosa transitoria, causada fundamentalmente por trastornos digestivos puntuales como úlceras o episodios de gastrointeritis, donde la producción de lactasa de la mucosa intestinal se ve mermada. O, en algunos casos, también aparece asociada a la enfermedad celiaca y a la enfermedad de Crohn.

También puede darse la intolerancia a la lactosa progresiva, en la que se produce una pérdida progresiva de la producción de la lactasa, y por tanto una pérdida gradual de la capacidad de digerir la lactosa. Suele darse a lo largo de la vida en ciertos grupos étnicos en los que tradicionalmente no se consumen determinados lácteos a partir de cierta edad. [5]

No hay que confundir la intolerancia a la lactosa con la alergia a la leche. La alergia se da a una proteína concreta llamada caseína. Los productos sin lactosa no pueden ser consumidos por alérgicos a esta proteína láctea.

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son dolores estomacales, barriga hinchada, flatulencia, diarrea por el efecto osmótico de la lactosa sin absorber, a veces incluso vómitos y masa ósea deficiente (atribuible a un bajo consumo de calcio y vitamina D), aunque en general no presenta demasiada sintomatología o ésta puede ser confundida con otro tipo de dolencia gastrointestinal. El diagnóstico de la intolerancia a la lactosa tiene que hacerlo un médico y se hace mediante una prueba de gases que consiste en beber un vaso de leche y hacer a la persona soplar a las tres o cinco horas de la toma y, luego, mirar los gases que se forman. Si la lactosa llega al intestino grueso sin ser digerida, las bacterias se la comen y hacen gases. El 80% de estos gases se eliminan generando ciertas molestias estomacales y flatulencia, y un 20% pasa a la sangre, llega al pulmón y se elimina con el aire aspirado. Por eso, hacemos soplar para detectarlo. Si el hidrógeno y el metano está por encima de lo normal y el dióxido de carbono es positivo, quiere decir que hay intolerancia a la lactosa. [2] [5] [6] También puede hacerse por medio de un análisis sanguíneo de sobrecarga de lactosa, un test genético o una biopsia del intestino delgado.

Entonces la leche sin lactosa es un producto destinado exclusivamente a intolerantes a la lactosa, en cambio en muchos casos se publicita sin hacer mención a este tipo de consumidores sino que va dirigido al público general. La estrategia de márquetin puede inducir a error, ya que hace entender que estos productos son beneficiosos para todos cuando no es así. Los motivos por los cuales asevero esto son los siguientes:

Por estos motivos de peso, la publicidad no debe sugerir que las ventajas que estos productos sin lactosa ofrecen a los intolerantes a la lactosa pueden atribuirse también al público general, ya que esto supone un engaño. Para evitar caer en la ilegalidad, normalmente estos productos se publicitan en televisión añadiendo un texto fugaz a pie de pantalla en el que se indica que el producto va destinado a intolerantes a la lactosa, y lo mismo ocurre con la letra pequeña de la publicidad en papel y el etiquetado.  Con esto opino que se está incumpliendo el apartado dos, porque este método publicitario sí induce a error, y lo vemos en los hechos: cada vez hay más consumidores de leche sin lactosa que no son intolerantes, ya que creen que estos productos ayudan a una fácil digestión.

Los productos sin lactosa están de moda, sólo hay que ver cómo han crecido los lineales de este tipo de productos en los supermercados, y cómo se ha incrementado la publicidad.

La duda ahora es si el consumo de productos sin lactosa pudiese revertir el proceso de adecuación evolutiva que sufrió nuestro organismo y promover cada vez más intolerancia a la lactosa. Todavía no podemos hacer un estudio representativo porque la moda del consumo de estos productos sin lactosa es demasiado reciente como para sacar conclusiones de su impacto. A pesar de ello, la experiencia nos dice que esto es posible, que reducir el consumo de lactosa induce a anular la necesidad de que nuestro organismo produzca la enzima lactasa, y por ello pueden darse casos de intolerancia progresiva. Un ejemplo similar lo tenemos en el caso de los celíacos, ya que durante un tiempo se aconsejaba no dar gluten hasta los seis meses de vida, y de mantenerse esta recomendación esto habría propiciado una epidemia. Actualmente la ingesta de gluten se recomienda  a los cinco meses a fin de minimizar la posibilidad de padecer la enfermedad celiaca.[2]

La conclusión es que legalmente estos productos han de dirigir su publicidad exclusivamente a los consumidores con intolerancia a la lactosa, y por otro lado, y no menos importante, la que nos da el sentido común: si no somos intolerantes a la lactosa no tenemos ninguna razón por la cual consumir este tipo de productos, y menos aún en edades comprometidas (la infancia y la adolescencia, donde ya parecen existir indicios a sufrir intolerancia progresiva en algunas etnias), no son ni más saludables, ni más digestivos, ni nos aligerarán la mañana más que la leche común.

Ahora pueden elegir qué consumir basándose en sus conocimientos, no sólo en un reclamo publicitario. Lo bueno de todo esto es que si son intolerantes a la lactosa la ciencia ha permitido que puedan consumir lácteos, y si no lo son, también gracias al avance científico podemos asegurar con rotundidad que cualquier tipo de lácteo que adquieran en un supermercado será seguro.